Su Majestad el Rey Kigeli V: el último monarca de Ruanda




El 26 de Noviembre 2020, en Sesión Extraordinaria del Consejo Municipal de la Ciudad de Alajuela
se le confirió el título de Ciudadano Distinguido al Pbro. Dr.h.c. Don Reynord Hernando Araya Morales, Vizconde Araya de Santa María, Barón de San Rafael de Araya. Un digno reconocimiento.


Si algo distingue a la civilización contemporánea no es únicamente su extraordinaria capacidad de producir riqueza, sino su tendencia a expandirse sin reconocer los límites que la hacen posible. Durante décadas —incluso siglos—, este sistema ha logrado desplazar sus contradicciones: lo que no podía resolverse en un ámbito se trasladaba a otro; lo que no estallaba en el presente se difería hacia el futuro.
Pero no todos los límites son desplazables.
Los conflictos políticos pueden diferirse, las tensiones sociales pueden reprimirse y las crisis económicas pueden posponerse. Sin embargo, los límites ecológicos introducen una diferencia decisiva: no responden a la lógica del poder ni a la voluntad humana. No negocian, no se subordinan, no pueden ser contenidos por decretos ni por ejércitos.
En este punto emerge una contradicción de nuevo tipo: aquella entre un sistema que requiere expansión ilimitada y un planeta cuyos equilibrios biofísicos son finitos.
El poder que no puede dominar la Tierra
En su fase actual —marcada por el predominio de los combustibles fósiles— el capitalismo ha alcanzado una capacidad de intervención sobre la naturaleza sin precedentes. Las fracciones dominantes del capital financiero e industrial, apoyadas en la tecnología y en complejas arquitecturas de poder global, han extendido las fronteras de la acumulación hasta los rincones más remotos del planeta.

Y, sin embargo, ese mismo poder revela su impotencia frente a los límites ecológicos.
Ese poder financiero-industrial, puede intervenir gobiernos, condicionar economías, desatar guerras o reconfigurar territorios. Pero no puede alterar a voluntad los ciclos del clima, ni detener el deshielo polar, ni revertir por decreto la acidificación de los océanos.
Se trata de una paradoja histórica: el sistema más poderoso jamás construido por la humanidad se muestra incapaz de controlar las consecuencias de su propia expansión. Tal es en mi opinión, la nueva fase del desarrollo capitalista depredador de la naturaleza y de la vida.
América Latina: territorio de extracción y de resistencia
América Latina es una de las regiones del Planeta en donde esta contradicción se expresa con absoluta claridad.
La región ha sido históricamente integrada al sistema mundial como proveedora de naturaleza: minerales, petróleo, biodiversidad, agua, tierras fértiles y ahora inclusive en una parte del subcontinente, “tierras raras”. En la actualidad, esta función se ha intensificado bajo nuevas formas.
En la Amazonía —particularmente en Brasil— la expansión del agronegocio y la deforestación han llevado a este ecosistema a un punto crítico. Lo que está en juego no es solo un bosque, sino uno de los principales reguladores climáticos del planeta.
En los Andes —en países como Chile, Bolivia y Argentina— la extracción de litio, impulsada por la transición energética global, abre una nueva fase extractiva que tensiona territorios, comunidades y ecosistemas frágiles.
En buena parte de la comunidad andino-amazónica como son Colombia y Perú, la minería a gran escala y la explotación petrolera generan conflictos socioambientales persistentes, donde comunidades locales enfrentan a corporaciones transnacionales y a Estados que, muchas veces, actúan como intermediarios de la acumulación global.
Casos similares se observan en Ecuador y Venezuela. En la Amazonía ecuatoriana, comunidades como los Kichwa de Sarayaku, los pueblos Waorani del Yasuní y poblaciones de Sucumbíos y Orellana han enfrentado la expansión petrolera que vulnera sus territorios, su salud y sus derechos colectivos. En Venezuela, tanto las comunidades del Lago Maracaibo -afectadas por derrames petroleros- como los pueblos indígenas del Arco Minero del Orinoco evidencian los impactos sociales y ecológicos del extractivismo contemporáneo.
Centroamérica tampoco escapa a esta dinámica. En Honduras, Guatemala o El Salvador, la presión sobre los recursos naturales —agua, minería, monocultivos— ha generado resistencias comunitarias que, aunque frecuentemente invisibilizadas, constituyen expresiones de un conflicto más profundo: el choque entre la lógica de la vida y la lógica de la ganancia. En Nicaragua, comunidades campesinas e indígenas han cuestionado proyectos como el canal interoceánico por sus posibles impactos territoriales y ecológicos. En Costa Rica, pese a su imagen internacional de sostenibilidad, han surgido tensiones en torno a proyectos hidroeléctricos, monocultivos como la piña, la gestión del agua que afecta a comunidades locales, así como el conflicto minero por la explotación del Oro de Crucitas. En Panamá, pueblos indígenas han resistido iniciativas mineras e hidroeléctricas en sus territorios, denunciando afectaciones ambientales y falta de consulta sobre los proyectos. Incluso en Belice, la expansión de actividades extractivas y agroindustriales ha generado preocupaciones por la degradación de ecosistemas sensibles y el impacto sobre comunidades rurales.
Así, América Latina aparece simultáneamente como espacio de intensificación de la acumulación y como territorio de emergencia de resistencias que anticipan otras formas de relación con la naturaleza.
Guerra, acumulación y desplazamiento de las contradicciones
En paralelo, el sistema continúa desplazando sus tensiones a través de la geopolítica y la guerra.
Conflictos como el de Rusia y Ucrania, o las tensiones en Medio Oriente que involucran a Los Estados Unidos -ora financiando armamento, ora interviniendo directamente-, Israel, Irán y Palestina, no pueden entenderse al margen de disputas por recursos, territorios y hegemonía global.
La guerra opera, en este sentido, como mecanismo extremo de reorganización del sistema. Es decir, a lo largo de la historia, la guerra ha operado como un mecanismo extremo de reorganización del sistema al desencadenar transformaciones simultáneas en múltiples niveles: en el plano económico, al destruir capital y reactivar ciclos de acumulación mediante la reconstrucción; en el geopolítico, al redefinir jerarquías de poder y dar lugar a nuevos órdenes internacionales, como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial con la emergencia de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas y la configuración de la Guerra Fría, en el ámbito político interno, al concentrar poder estatal y reconfigurar regímenes; y en el social y cultural, al movilizar poblaciones enteras, transformar roles y producir narrativas colectivas. Como los relatos compartidos que una sociedad construye para darle “sentido” a la guerra y sus consecuencias: relatos de victoria o derrota, por ejemplo, la idea de “liberación” o “resistencia” tras la Segunda Guerra Mundial, memorias oficiales y conmemoraciones -héroes, mártires, fechas patrias, monumentos-. O también justificaciones del sacrificio, discursos que legitiman pérdidas humanas (“murieron por la patria”, “defensa de la libertad”). Identidades nacionales reforzadas o redefinidas: quiénes somos “después” de la guerra. Finalmente, la reorganización del sistema se refiere a advertencias o traumas colectivos, como cuando se dice “nunca más”, después de haber experimentado conflictos devastadores. En síntesis, son las historias que una sociedad se cuenta a sí misma para explicar la guerra y reorganizar su vida después de ella.
En este sentido, la guerra no aparece como una solución racional ni deseable, sino como una forma límite, profundamente destructiva, mediante la cual sistemas en crisis han sido históricamente reordenados.
Pero incluso aquí se manifiestan límites. Ninguna dominación ha sido absoluta ni definitiva. La historia del siglo XX —desde Adolfo Hitler hasta José Stalin— lo demuestra con claridad. Y en América Latina, las dictaduras de Jorge Ubico, de Anastasio Somoza García (el padre), de Anastasio Somoza Debayle (el hijo), o de Maximiliano Hernández Martínez evidenciaron que el poder puede reprimir, pero no suprimir definitivamente las contradicciones sociales. La lección es clara: la ausencia visible de contradicción no significa su desaparición, sino su desplazamiento.
El límite que no puede desplazarse
Sin embargo, como lo hemos explicado, el cambio climático introduce una ruptura en esta lógica.
A diferencia de las crisis anteriores, no puede ser trasladado geográficamente, ni diferido indefinidamente. No hay un “afuera” al cual exportarlo. No hay periferia que absorba sus efectos sin devolverlos amplificados.
Sequías prolongadas, incendios forestales, huracanes más intensos, pérdida de biodiversidad, desplazamientos humanos, derretimiento de casquetes polares, todos estos fenómenos no son eventos aislados, sino manifestaciones de un sistema que ha comenzado a encontrar un límite infranqueable.
Aquí, el desplazamiento deja de ser posible.
Conciencia, conflicto y posibilidad histórica
Pero este límite no implica una resolución automática.
Nada garantiza que la humanidad responderá de manera racional o solidaria. La historia no avanza por determinismos mecánicos. Lo que se abre es un campo de posibilidad, no una certeza. La clave reside en la conciencia.
En la medida en que la magnitud del peligro se haga cada vez más evidente, puede comenzar a configurarse una convergencia inédita de fuerzas sociales y políticas: trabajadores, comunidades, gestores comunitarios, movimientos ambientales, sectores medios, incluso fracciones disidentes dentro de las propias élites, además de los tradicionales movimientos sindicales, cooperativos y hasta en algunos casos cámaras empresariales que hayan captado que el desarrollo con justicia social y en equilibrio con la naturaleza, no pasa por la extracción y explotación de los combustibles fósiles que han enfermado la tierra acarreando el calentamiento global. Se puede prever incluso una coalición de fuerzas a escala mundial, por el vértice común que poseen los impactos del calentamiento climático global en todo el orbe.
No se trata de una alianza homogénea ni exenta de tensiones, sino de una articulación histórica frente a una amenaza común.
Esta convergencia no necesariamente requiere de la violencia como forma dominante. Puede expresarse en transformaciones políticas, culturales y económicas que desplacen progresivamente la centralidad de la ganancia como principio organizador de la vida social.
Frente a ella, -la centralidad de la ganancia- las élites que hoy concentran el poder económico podrían encontrarse crecientemente aisladas. No porque pierdan de inmediato su capacidad material, sino porque su lógica se vuelve incompatible con la sostenibilidad de la vida.
Hacia un nuevo horizonte civilizatorio
Nos encontramos, entonces, ante una bifurcación histórica. De un lado, la persistencia de una lógica de acumulación que, de no ser contenida, profundizará las condiciones de destrucción ecológica y social.
Del otro, la posibilidad de una reorientación civilizatoria basada en la primacía de la vida, en la reconstrucción de vínculos con la naturaleza y en la redefinición de lo que significa prosperar.
No es necesario que la humanidad alcance un punto de colapso total para emprender este camino. Pero el tiempo histórico disponible para hacerlo no es indefinido; porque determinados impactos ambientales sobre la naturaleza pueden tornarse irreversibles. Un caso muy citado es el del derretimiento de los casquetes polares como consecuencia del calentamiento global, tanto de la atmósfera como de las aguas oceánicas.
La pregunta permanece abierta —y con ella, la responsabilidad colectiva—:
¿será capaz la humanidad de reconfigurar su destino antes de que los límites que ha desbordado se impongan de manera irreversible?
La Amazonía: umbral de irreversibilidad y destino compartido
No todos los procesos de deterioro ambiental avanzan de forma lineal. Algunos sistemas naturales, al ser sometidos a presiones crecientes, pueden alcanzar umbrales críticos a partir de los cuales su transformación se vuelve abrupta e irreversible. La Amazonía constituye uno de los ejemplos más inquietantes de este tipo de dinámica.
Diversos estudios científicos advierten que la selva amazónica —el mayor bosque tropical del planeta— podría aproximarse a un punto de no retorno si se combinan tres factores: la deforestación sostenida, el aumento de las temperaturas y la alteración del régimen de lluvias. En ese escenario, amplias zonas de bosque húmedo podrían degradarse progresivamente hasta convertirse en sabanas, con una pérdida masiva de biodiversidad y una drástica reducción de su capacidad para almacenar carbono, vital, como es obvio, para la supervivencia de la flora universal.
Pero, la Amazonía no es solo un reservorio de especies o un “pulmón del mundo” en sentido metafórico. Es, sobre todo, un regulador climático de escala continental. A través de los llamados “ríos voladores” —corrientes de humedad que se desplazan desde la cuenca amazónica hacia otras regiones de América del Sur—, este ecosistema sostiene ciclos de lluvia fundamentales para la agricultura, el abastecimiento de agua y la vida urbana en países como Brasil, Perú, Bolivia y más allá.
El debilitamiento de este sistema tendría efectos en cascada: sequías más intensas, pérdida de suelos fértiles, inseguridad alimentaria y presiones migratorias. En otras palabras, lo que podría parecer un problema localizado en la selva se convertiría en una crisis civilizatoria extendida.
Aquí se vuelve tangible la tesis central: el tiempo histórico disponible no es indefinido. Si la Amazonía cruza ese umbral, ya no se tratará de mitigar daños graduales, sino de enfrentar una transformación estructural del sistema climático regional con consecuencias imprevisibles.
Sin embargo, también en este caso emerge la posibilidad de una convergencia inédita: Pueblos indígenas, comunidades locales, científicos, movimientos ambientales e incluso sectores económicos comienzan a reconocer que la defensa de la Amazonía no es una causa sectorial, sino una condición de posibilidad para la continuidad de la vida tal como la conocemos en la región.
El agua y la crisis hídrica
América Latina, históricamente rica en recursos hídricos, comienza a experimentar tensiones cada vez más visibles: agotamiento de acuíferos, contaminación de fuentes y desigual acceso. Grandes ciudades enfrentan ya escenarios de estrés hídrico, mientras comunidades rurales ven comprometidas sus formas de vida. El agua deja de ser un bien abundante para convertirse en un eje de conflicto social y territorial.
Migraciones climáticas
A su vez, el deterioro ambiental comienza a traducirse en desplazamientos humanos. Sequías prolongadas, eventos extremos, como los incendios forestales, por un lado, y huracanes indómitos y desbordamientos de ríos, por otro, juntamente con la pérdida de medios de subsistencia, obligan a miles de personas a abandonar sus territorios. Estas migraciones, aun insuficientemente reconocidas en los marcos legales internacionales, anticipan tensiones sociales y políticas que redefinirán las dinámicas regionales.
Estos tres casos —la Amazonía, la crisis hídrica y las migraciones climáticas— serán abordados con mayor detenimiento en una próxima entrega, en la que se examinarán sus dinámicas específicas y sus implicaciones para América Latina y el mundo.
Por Alberto Salom Echeverrria albertolsalom@gmail.com
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La Primera Misa del Sr. Vizconde Araya de Santa María, Barón de San Rafael de Araya en Altamonte Springs, Florida USA

Identidades Huérfanas y el Silencio de los Culpables: Las Tres Grietas del Naufragio que Animalizó a una Generación
Introducción: El Rugido del Desespero Social
Desde mi perspectiva pastoral, forjada en 30 años de consejería familiar y atención en crisis, he observado una transmutación afectiva que me desgarra el alma. Hemos creado hogares donde el altar de la identidad se ha movido de lugar, y los culpables directos somos los adultos por nuestra omisión y distorsión del amor.

El Grito del Vacío: El joven que hoy dice ser un lobo o un gato, en realidad está lanzando una señal de socorro: «Papá, mamá, mírame con la misma devoción con la que miras al perro». Es un grito de necesidad ante padres biológicamente presentes pero emocionalmente invisibles. Se les da a los animales lo que a los hijos se les niega: atención incondicional y ternura sin prisas. Si el hogar falla en ser el refugio de la identidad humana, el joven buscará refugio en la «nobleza» del instinto animal para llenar su vacío. «Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Salmo 127:1, NVI).
El sistema abre la puerta a la disociación, pero cierra la puerta de la ayuda real cuando el joven se pierde en el bosque de su propia confusión.
En mis años como conferencista internacional y escritor de blog, jamás he señalado una herida sin proponer una cura práctica. Lo que como Shalom hemos desarrollado, y seguimos construyendo en cada intervención, no es una fórmula mágica, sino un proceso de restauración basado en el diseño original del Creador.
La Cuestión Cubana desde la Óptica del Humanismo
Introito
Durante décadas, una abrumadora mayoría de países de todos los continentes ha
votado en la Asamblea General de Naciones Unidas exigiendo poner fin al
Embargo estadounidense contra Cuba. No obstante, Estados Unidos se ha
mostrado irreductible y cada vez, pone oídos sordos a la casi totalidad de las
Naciones del mundo, ha interpuesto el poder de veto en las Naciones Unidas, para
Sabotear el levantamiento del embargo. Tal poder de veto únicamente lo poseen
Cinco poderosas naciones de la Tierra. Así las cosas, el poderoso imperio del norte
americano, mantiene el arbitrario y cruel bloqueo económico con el que ha
Pretendido, hasta ahora con infertilidad, someter a Cuba bajo su égida. No lo ha
Conseguido y cada vez se desprestigia más ante los ojos del mundo, su causa
imperial.
O sea que, las múltiples resoluciones de las Naciones Unidas están llenas de un
altísimo valor moral y político; pero desdichadamente no son jurídicamente
Vinculantes.

Con toda seguridad, el actual bloqueo que ha puesto el acento en el impedimento
La entrada de petróleo a Cuba es el más duro de todos, dada la ideología
oscurantista del presidente Trump y su espíritu belicista e inhumano. Para
Washington: El bloqueo funciona, además, como un instrumento de presión
política, un símbolo de oposición al modelo cubano, para que surta efecto negativo
principalmente sobre los países de América Latina; es una señal hacia otros
gobiernos considerados hostiles contra los EE. UU. De ahí que, su eficacia real es
discutible, pero sigue teniendo un valor estratégico.
Impacto humanitario
Desde el punto de vista ético y humanitario, el bloqueo afecta principalmente a la
población civil, ya que dificulta el acceso a medicamentos, a financiamiento y a la
necesidad de obtener alta tecnología. Por lo tanto, el bloqueo limita directamente
el desarrollo económico. Es por todas estas razones que millones de personas en
todo el mundo considera que el bloqueo contra Cuba es incompatible con los
principios de derechos humanos que los Estados Unidos dicen defender: una clara
contradicción del gobierno estadounidense entre el discurso y su práctica histórica.
Desde una mirada racional y democrática, el mundo pide mayoritariamente el fin
del bloqueo, pues, como se dijo, no ha conseguido los objetivos políticos que se ha
propuesto, y más bien aísla moralmente a los EE. UU. Aunque sí ha provocado
daños sociales contra la población cubana en general, en especial contra la
población de ancianos, personas enfermas, mujeres embarazadas, personas con 2
discapacidad, amén de la niñez. Sin embargo, esa política con toda su crueldad y
El daño social producido es el que pesa más debido a que la política interna y los
intereses estratégicos en particular del gobierno de Trump poseen mucho mayor
importancia en el balance interno de la política estadounidense que, el consenso
internacional.
Un poco de historia en torno a la política exterior de los EE. UU en América
Latina
Es algo sorprendente, desde que los Estados Unidos alcanzaron su libertad frente al
Imperio colonial británico: en 1776, la nación del norte de América ha invadido o
intervenido militarmente en más de cien ocasiones a otros países o territorios
fuera de sus fronteras.
Es muy importante observar que antes del comunismo y de Karl Marx, ya los
estadounidenses le habían arrebatado a su vecino México, más de la mitad de su
actual territorio, entre 1846 y 1848. Nicaragua fue invadida en el siglo XIX, Haití en
1915, Filipinas en 1898, Panamá en 1903 y años subsiguientes, así como los
países del Caribe y Centroamérica repetidamente durante el siglo XX. Es decir, el
El expansionismo estadounidense precede al socialismo y al marxismo. Quiere decir
que, la ambición de los EE. UU por extender su imperio por todo el mundo, no
Nace no como una lucha contra el comunismo, sino como una política imperial
temprana. Cualquiera que sepa algo de historia reconoce esta realidad
palmariamente.
Entre los siglos XX y XXI, los Estados Unidos han intervenido de forma directa o
indirecta en América Latina, en casi toda la región. Intervenciones militares
directas se produjeron en ese transcurso en México, Nicaragua, Haití, República
Dominicana, Panamá y Granada. Mediante golpes y desestabilizaciones, la historia
del subcontinente latino registra los siguientes países: Guatemala 1954, Chile
1973, Brasil; 1964, Argentina; 1976, Bolivia; más recientemente, Honduras 2009 y
Venezuela en varias ocasiones. La última fue la que se acaba de producir en
enero de este año. O sea, más de 20 países latinoamericanos se han visto
afectados directa o indirectamente por la política imperial estadounidense. En
En otras palabras, América Latina ha sido conocida como zona de influencia de Los
Estados Unidos o, como se le llama también despectivamente, “su patio trasero”.
La compleja relación de los Estados Unidos con Cuba. ¿Por qué el bloqueo y
¿La invasión?
Desde mi óptica hay cuatro razones principales:
a) La primera estriba en que, desde los inicios del siglo pasado, los gobiernos de
Los Estados Unidos consideraron el Caribe como “el mare Nostrum”, un espacio
3 estratégico en su política de desplazar a las potencias europeas de América
Latina, tarea que comenzó en realidad desde mediados del siglo XIX. A la primera
independencia de Cuba del colonialismo español; los Estados Unidos hicieron su
aporte completamente interesado: político, militar y económico. Esta fase culminó
con la guerra hispanoestadounidense de 1898, en que Estados Unidos salió
Victorioso. Como lo acabo de afirmar, su aporte no fue de gratis, sirvió para que en
adelante se inmiscuyera dentro de la isla antillana, un tutelaje a la naciente
República mediante la famosa “Enmienda Platt”. Por medio de este “tratado”, los
Estadounidenses obligan a que la Enmienda se introduzca plenamente en la
Constitución cubana, otorgándole al imperio la potestad de intervenir militarmente
en la isla, e inclusive crearon bases navales, como la que todavía mantienen en
Guantánamo.
b) La Revolución Cubana de 1959. Cuba llevó adelante tras el triunfo
revolucionario de 1959, una reforma en lo político, jurídico, económico y militar de
gran calado:
– Nacionalizó empresas extranjeras propiedad de inversionistas estadounidenses,
Cuba rompió los lazos de dependencia que la ataban a los EE. UU y abrió el
camino para consolidar una verdadera independencia del gobierno del Norte
imperial. Todas estas políticas quebrantaron las relaciones políticas y diplomáticas
entre ambos países, puesto que Washington intentó proteger por todos los
medios, los poderosos intereses de las grandes empresas estadounidenses frente
a las medidas expropiatorias por parte del gobierno revolucionario.
c) La invasión de Bahía de Cochinos. Con el propósito de apoyar a la
contrarrevolución de los cubanos que habían migrado a Miami huyendo de la
Revolución, la CIA estadounidense preparó una invasión de carácter militar,
entrenando y avituallando a las tropas, dándoles armamento y apoyándolos con la
aviación. En principio, todo el plan fue aprobado por el gobierno del “demócrata”
John F: Kennedy, pese a que en el último momento restringió en gran medida la
aviación con la que se pensaba bombardear la isla. Cuba siempre fue
bombardeada, pero no en la intensidad con la que originalmente se había
Comprometido Kennedy. La invasión de Bahía de Cochinos terminó en un fracaso
total para la contrarrevolución de los cubanos de Miami y para el propio gobierno
de EE. UU.
d) El bloqueo impuesto por los Estados Unidos a Cuba. Con el bloqueo se
pretendía desanimar a la población de la isla y provocar una rebelión interna. Esto
fue reconocido por documentos oficiales desclasificados de la CIA de los Estados
Unidos.
4
Hoy el bloqueo impuesto por Trump se concentra con prioridad en impedir el
ingreso de petróleo, con lo que, Cuba se encuentra seriamente desabastecida
para alimentar la flotilla vehicular, se ha paralizado gran parte de la industria, los
hospitales y la población está experimentando una gran escasez, privación de
medicinas, ropa, alimentos, etc. El golpe principal se ha orientado a paralizar el
Transporte, la electricidad, los hospitales y la producción; una forma moderna de
asfixia económica inhumana porque está afectando a la población civil, antes que
nada.
Conclusión
El castigo que desde principios de los sesenta le ha impuesto el gobierno de los
Estados Unidos a Cuba, por todo lo expresado, no es únicamente contra el
gobierno, es contra toda la población. Por lo consiguiente, aunque es un tema
ideológico, es por encima de todo una cuestión humanitaria.
No obstante, todo el inmenso historial represivo e inhumano de los Estados
Unidos, desde que adquirió el estatus de República al independizarse del imperio
colonial británico en 1776, hay todavía gente que se atreve a proponer con
cinismo que, la culpa de todos los efectos ampliamente demostrados del bloqueo
La oposición contra el pueblo y el gobierno de Cuba no proviene únicamente de los diferentes
gobiernos estadounidenses, sino que es responsabilidad del régimen cubano.
Se pretende de esta manera, como se dice coloquialmente, “tapar el sol con un
dedo”, lo que, como sabemos, solo le ocurre a la persona que interpone su dedo
entre sí misma y el astro que nos ilumina y nos da calor. Absolutamente a nadie
más que esté dispuesto a conocer la verdad del magnicidio que se viene
cometiendo contra Cuba y que hoy endurece el desgobierno de Trump, se le
puede engañar.
Pregunto, solo para efecto de demostración, cuántos países tienen el tamaño
y una población parecida a los 11 millones de personas que habitan la isla cubana,
podrían soportar un embargo tan cruel y avasallador como el que desde la década
sesenta del siglo pasado, viene imponiendo el gobierno estadounidense. ¿Alguno
lo podría soportar? Aun más, ¿cuántos países podrían mantenerse de pie, y con
la dignidad que ha tenido el pueblo cubano ante una intervención tan intensa e
¿Inhumana como la que perpetra Trump contra Cuba?
Debe tenerse presente, además, que, el intervencionismo estadounidense alcanza
Hoy, aparte de Cuba, a todo aquel país, sea el que sea, que intente auxiliar a la
Isla proporcionándole petróleo, medicamentos, comida, ropa y un largo etcétera.
Al país que haya deseado brindar solidaridad a Cuba, se le recetan castigos
económicos, y puede ser que hasta de carácter militar. O sea, que Trump y sus
5 acompañantes oligarcas, con harta irresponsabilidad frente a toda la humanidad
estarían dispuestos a desatar una guerra de carácter universal, si la ayuda
proviniese de una potencia como China o Rusia. Ya Trump ha lanzado estas
amenazas contra China, Rusia, México y la misma Venezuela. La humanidad
decide a quién le brinda solidaridad.
Por Dr. Alberto Salom Echeverría.
albertolsalom@gmail.com
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Fiscalía General de la República se opone a que se apruebe el proyecto de ley expediente 23.986
Conocido como “Ley para garantizar la prisión preventiva en delitos que atentan contra la seguridad ciudadana”, que pretende que se imponga prisión preventiva si hay “peligro para la comunidad” o riesgo para grupos de personas, sin necesidad de otros requisitos como peligro de fuga o de obstaculización de la investigación.
Además, busca incluir más escenarios, como delitos de crimen organizado, narcotráfico y casos en los que se reclute a menores para cometer delitos, según versiones del proyecto.
Ante esa oposición fundamentada en que debe prevalecer el principio de inocencia y que se juzgue en libertad, me he permitido manifestar lo siguiente:
Señores de la Fiscal General: Nadie discute que la presunción de inocencia es un pilar del Estado de derecho. Es una conquista civilizatoria que nos protege a todos. Pero también es cierto que el derecho penal no existe únicamente para garantizar derechos del imputado; existe, sobre todo, para proteger bienes jurídicos fundamentales de la sociedad: la vida, la libertad, la integridad y el patrimonio de las personas.
Cuando el debate se centra exclusivamente en las garantías del investigado, corremos el riesgo de invisibilizar a las víctimas. Y las víctimas también tienen derechos humanos: derecho a la seguridad, a la justicia pronta y cumplida, a no ser revictimizadas y a vivir sin temor.

La prisión preventiva no es una pena anticipada; es una medida cautelar. Su razón de ser no es castigar, sino proteger el proceso y evitar riesgos concretos: fuga, obstaculización de la investigación o reiteración delictiva. En contextos de criminalidad organizada, estructuras violentas o delitos graves contra la seguridad nacional, esos riesgos no son hipotéticos, son reales y verificables.
La sociedad costarricense vive una etapa compleja en materia de seguridad. Las familias que han perdido a un hijo, a un padre o a una madre en manos del crimen organizado difícilmente perciben equilibrio cuando observan que personas investigadas por estos delitos graves recuperan rápidamente su libertad sin que el proceso haya avanzado sustancialmente.
No se trata de eliminar el análisis judicial individual ni de imponer automatismos ciegos. Se trata de reconocer que el Estado tiene una doble obligación: proteger garantías procesales y proteger eficazmente a la colectividad. El derecho penal no puede convertirse en un ejercicio puramente teórico mientras la realidad social exige respuestas proporcionales y responsables.
El verdadero enfoque de derechos humanos es integral. No puede ser selectivo. Debe abarcar tanto al imputado como a la víctima y a la comunidad que exige vivir en paz.
Fortalecer herramientas legales frente a delitos graves no significa renunciar al Estado de derecho; significa adaptarlo a una realidad que exige mayor capacidad de protección. La justicia no solo debe ser garantista; también debe ser efectiva.
El desafío es encontrar ese punto de equilibrio donde la libertad individual no se imponga de manera automática sobre el derecho colectivo a la seguridad, ni la seguridad se convierta en excusa para atropellar garantías. Ese equilibrio es posible, pero requiere sensibilidad hacia quienes han sufrido directamente el delito.
Porque una democracia madura protege derechos, sí, pero también protege vidas.
Estoy de acuerdo en que se apruebe dicho proyecto y se conceda más seguridad a las víctimas y a la sociedad en general.
Cortesía
Lic. José Luis Pacheco Murillo
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El Retorno de Nabucodonosor: La crisis de identidad therian y el desafío de la imagen de Dios
¿Sabes qué es un «Therian»? 🦊
He preparado un artículo que propone elementos que pueden ayudar a generar respuestas, no solo críticas.
Desde la exégesis de Nabucodonosor hasta una mirada de la psicología de la disociación, propongo cómo la Iglesia debe responder a esta «rebelión al Creador» con amor pastoral, integración de profesionales y verdad.
¡Mi compromiso es que no nos falten insumos para la misión!
Introducción: El Campo Misional de la Identidad
En la actualidad, la Iglesia se enfrenta a un desafío antropológico sin precedentes que pone a prueba la esencia misma de nuestra vocación pastoral. Ha emergido una subcultura denominada Therian, compuesta por individuos que afirman poseer una identidad no humana, sintiéndose vinculados intrínsecamente a un animal (denominado theriotipo).
Este fenómeno no es un simple juego de roles o una moda estética; es una «disforia de especie» que desafía los fundamentos de la creación.
Lejos de ser un problema marginal, esta situación se presenta como un campo misional urgente. Aquí se pone a prueba nuestra capacidad de ser «pescadores de personas» en las aguas turbulentas de la posmodernidad.
Este artículo persigue dar una luz clara y pastoral , evitando simplismos, para que el abordaje pastoral no sea desde el prejuicio, sino desde un entendimiento integral que combine la revelación bíblica con el rigor de otras disciplinas.

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I. Raíces y Expansión: ¿Qué es un Therian?
El término Therian proviene del griego thēríon (\theta\eta\rho\iota\alpha), que significa «animal salvaje» o «bestia». A diferencia de otros grupos, el Therian no «elige» ser un animal; afirma que su esencia, alma o estructura psicológica es la de un animal, a pesar de habitar un cuerpo humano.
Orígenes: El movimiento moderno cristalizó en los años 90 a través de grupos de noticias en internet como alt.horror.werewolves. Lo que comenzó como una discusión sobre mitología y licantropía evolucionó hacia una comunidad que afirmaba que su conexión con los animales era una realidad espiritual o psicológica persistente.
Presencia Global: Con el auge de redes sociales como TikTok e Instagram, el movimiento ha salido del anonimato digital. Tiene una presencia masiva en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Rusia, y está creciendo aceleradamente en América Latina (especialmente en México, Argentina y Chile), donde jóvenes buscan en esta identidad un sentido de pertenencia que no encuentran en las instituciones tradicionales.
II. Análisis Psicológico: Más allá de lo Aparente
Es fundamental que el liderazgo pastoral entienda que este fenómeno no debe ser abordado de entrada como una posesión demoníaca. Hacerlo sin una valoración previa es una irresponsabilidad que puede alejar definitivamente a la persona de la gracia de Dios.
Identidad y Disociación: Para la psicología, la identificación animal puede ser un mecanismo de defensa ante traumas profundos. Estudios como los de Gerbasi et al. (2008) y Guzmán (2021) sugieren que el individuo crea una «identidad alterna» para sobrevivir a un entorno humano que percibe como hostil.
Abordaje Multidisciplinario: Se requiere la mirada de la psicología clínica y la psiquiatría para identificar posibles trastornos disociativos o de personalidad. La Iglesia debe liderar con sabiduría, convocando a profesionales que ayuden a discernir entre una crisis de identidad, un trauma psicológico o una influencia espiritual.
III. Fundamentación Teológica: La Rebelión contra el Diseño
Teológicamente, el movimiento Therian representa una ofensiva del «anti-reino» para degenerar la creación original. Si Dios estableció que el hombre es la corona de la creación, el intento de «descender» a lo animal es un mensaje de rebeldía ontológica.
La Degradación de la Imago Dei
Al desvirtuar la identidad humana, se ataca directamente al Creador. «Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios» (Génesis 1:27, NVI). La moda Therian coloca al ser humano en un estado inferior, renunciando voluntariamente al espíritu para vivir bajo el dominio del instinto. Es una declaración de que el diseño de Dios es insuficiente.
Exégesis: El Juicio de Nabucodonosor
En Daniel 4, encontramos un caso clave de lo que la medicina llama Licantropía Clínica. El rey Nabucodonosor, por su soberbia y rebelión, fue llevado a un estado animal por castigo divino.
El Estado: «Comió pasto como el ganado… hasta que el pelo y las uñas le crecieron como plumas y garras de águila» (Daniel 4:33, NVI).
La Causa: No fue un azar, sino la consecuencia del desorden humano en relación con Dios. Al querer ser Dios, el hombre pierde su humanidad.
La Sanidad: El juicio terminó cuando Nabucodonosor reconoció la soberanía del Altísimo. «Elevé los ojos al cielo, y recobré el juicio» (Daniel 4:34, NVI). La restauración de la mente (el juicio cabal) solo ocurre cuando el hombre vuelve su mirada a su Creador.
Nuestro desafío es hacer ejercicios pastorales y misionales para que estas personas encuentren ecosistemas idóneos donde su estado y momento entren en conciencia y alcen sus miradas a su creador.
IV. El Trabajo Pastoral: Una Vocación de Restauración
El pastor hoy debe ser un puente, no un muro. El trabajo pastoral requiere:
Informar para Formar: Capacitar a la iglesia para no caer en ambigüedades. El pecado debe señalarse, pero la persona debe ser amada.
No Estigmatizar: Enseñar a la congregación a no mostrar posiciones excluyentes. La condena reactiva potencia las razones por las cuales estas personas se refugian en estas modas.
No caer en los juegos burlescos en redes sociales al socializar los “memes” hacerlo no evidencia los valores del evangelio. Jesús el mirar a su pueblo desde una montaña, lloró por ellos y ellas al verles como ovejas sin pastor.
Equipos Multi-mirada: Establecer protocolos donde el pastor trabaje junto a consejeros y profesionales de la salud.
Debemos ser la comunidad que, como Cristo, ofrece el camino para que los «Nabucodonosores» modernos eleven sus ojos al cielo y recuperen su juicio. Nuestra misión es rescatar la imagen de Dios en cada individuo, recordándoles que fueron creados para algo mucho más grande que el instinto: fueron creados para mostrar la gloria de Dios desde una humanidad regenerada.
«¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!» (Salmo 139:14, NVI)
Artículo de cortesía de Roy Soto pastor de la Iglesia Shalom en Poásito, Alajuela.
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La creciente digitalización de una amplia gama de aspectos de la vida social (desde complejos trámites bancarios hasta sencillos pagos de bienes y servicios) mandó al cajón de la historia a muchos de los modelos de gestión tradicionales, ahora superados por el empuje avasallador de las herramientas tecnológicas que llegaron para quedarse.
Uno de esos sectores que está más desconectado de la realidad actual -especialmente en el gusto y preferencia millenials– es el transporte de los taxis rojos cuyos prestatarios parece que no pueden entender que desde varios años enfrentan una feroz competencia de plataformas como Uber o Indrive.
En mi caso las últimas experiencias con la Fuerza Roja de Grecia han sido fatales: excesiva demora para llegar al punto de abordaje y centrales telefónicas que todavía permanecen anclas a las tradicionales llamadas, apenas para citar dos falencias.
Para muestra un ejemplo. El pasado 18 de mayo (5:41 p.m.) llamé a unas de las bases de taxis rojos para un servicio desde un supermercado en las inmediaciones del Liceo León Cortés hasta a la Urbanización Bella Vista.

Casi 15 minutos después el vehículo aún no había llegado, pero ante la queja de este servidor como legítimo usuario de un servicio público señalé que pediría un Uber, la respuesta del operador del teléfono (aunque Ud. no lo crea a estas alturas del desarrollo todavía existe ese puesto de trabajo) fue una perla: “¡Ah pues llame un Uber”.
Aparte de estar anclados en un esquema superado parece que hace falta un buen curso de servicio al cliente. No obstante, creo que a pesar de una capacitación de ese tipo ya tienen buena parte de la batalla comercial perdida.
La razón es muy sencilla. La revolución científica y tecnológica de la era de internet (junto con otros impactos colaterales como la inteligencia artificial, los data center, el blockchain o la robótica, entre otros) los agarró literalmente con los pantalones abajo; pero además, siguen empecinados en prácticas administrativas ya superadas.
Es como si a estas alturas del partido una persona siga pegada a los aparatos de la vieja escuela como: el VHS, el FAX, el telégrafo, el betamax y otra larga seguidilla de chunches ahora inservibles, tanto que las nuevas generaciones de nativos digitales jamás los usaron.
En la historia de la tecnología hemos visto decenas de ejemplos de empresas enormes que sucumbieron porque nunca interpretaron de manera adecuada las cambiantes tendencias de un mercado que; como bien se sabe, es implacable porque jamás espera a quien se queda amarrado en el pasado.
La lista es larga, pero basta mencionar algunos ejemplos de estrepitosos fracasos corporativos: Kodak, Black Berry, Palm, Nokia, Blockbuster, Commodore, Polaroid, Atari y muchas otras firmas que; por supuesto, eran miles de veces más grandes y poderosas que unos cuantos taxis de Grecia donde todavía parece que existen compañías que prefieren meter la cabeza en la tierra como si esa táctica evasiva pudiera alterar la realidad.
Sencillamente patético.
Por Luis Castrillo Marin /Periodista y Politólogo UCR
Visión remota guía hallazgo de desaparecido en Pico Blanco

