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OCF considera que impuesto a las transacciones financieras sería un duro golpe al bienestar de los consumidores

OCF considera que el impuesto podría eludirse, pues los consumidores podrán dejar de hacer transacciones electrónicas y utilizar el efectivo.Propuesta es contradictoria a todo esfuerzo del país en materia de bancarización y eficiencia.

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Es un impuesto cruel para los consumidores. Así reacciona la Oficina del Consumidor Financiero (OCF), a la intención del Gobierno de gravar las transacciones financieras, como parte del paquete de medidas que presentará al Fondo Monetario Internacional (FMI), para captar recursos y estabilizar la economía nacional.

“Es un gravamen ingrato, que se suma a la serie de impuestos que ya de por sí tiene que pagar la ciudadanía. Y si los consumidores no lo consideran un impuesto justo, lo que harán es moverse al efectivo, a mantener bolsas de billetes para pagar en la pulpería, para enviar fondos a un familiar, o para pagar los servicios públicos”, manifestó Danilo Montero, director general de la OCF.

La propuesta resulta contradictoria a los esfuerzos del país en materia de educación financiera y la bancarización de la población. El Banco Central de Costa Rica ha hecho una inversión millonaria por años, en un sistema de pagos que es ejemplo mundial. Ha facilitado el acceso de toda la población, a los beneficios de una plataforma segura y eficiente para hacer transferencias o pagos, reduciendo los costos de las personas o empresas.

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Crear ahora un impuesto a esos movimientos es también una invitación a abandonar el sistema. No solo propicia los riesgos propios del manejo del efectivo. Es que además afectaría el funcionamiento eficiente del sistema productivo, cuando más urge que los agentes económicos reactiven sus negocios. En el fondo, es un estímulo a la informalidad, que a su vez incide en la urgente generación de ingresos al Estado. Nada de esto favorece el bienestar de los consumidores.

De hecho, el Poder Ejecutivo ha propuesto modelos de financiamiento, a micro y pequeñas empresas, por medio de mecanismos digitales, que aprovechen la valiosa infraestructura ya creada, que faciliten incluso créditos de muy corto plazo, todo manejado por medio de transacciones financieras electrónicas.

La OCF confía que se realice un análisis profundo de esa opción y se piense no solo en la generación rápida, y quizás pasajera, de recursos fiscales. El consumidor financiero merece un trato más consecuente con lo que se viene predicando por tantos años.

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