Por Vivienne Solís Riera

Asociada y miembro del Consejo de Administración de CoopeSoliDar R. L.

En los últimos meses en el país hemos iniciado una carrera conceptual y política hacia lo que se ha llamado la Economía Azul, concepto similar al que ya habíamos escuchado de parte de algunos sectores de la conservación cuando se habló de la  “Economía Verde”. 

Según la definición de la Unión Europea “la economía azul es aquella “que reconoce la importancia de los mares y los océanos como motores de la economía por su gran potencial para la innovación y el crecimiento”.

Una o dos más de estas definiciones se han dado por parte de los Bancos Internacionales y de grandes organizaciones de conservación.  Todas giran en torno a que el mar nos ofrece ahora un enorme potencial económico para hacer negocios y claro, se llama a desarrollar dichos negocios de forma sostenible.

El punto en que falla este concepto desde mi opinión, es que considera al factor económico como el prioritario en los temas relacionados con el oceáno y, aún más allá, que ese aspecto es el pilar fundamental para conservar los recursos que  ofrece el mar, pero ¿Dónde quedan otros elementos como el ámbito sociocultural y ambiental en este concepto?

Hoy, frente a la urgente necesidad de conservación del mar en nuestro país, es fundamental no dejarnos sucumbir por los colores de estos conceptos e ir más a fondo en lo que estos nos ofrecen.

Debemos enfrentar, abiertos al diálogo, a quienes por su posición o por su interés desean hacerlos política nacional y con sólidos argumentos presionar para orientar los esfuerzos hacia una verdadera estrategia sustentada en un ejercicio democrático que nos involucre a todos y todas en esta difícil, pero hermosa tarea de establecer los equilibrios necesarios para alcanzar un mejor porvenir en nuestras poblaciones costeras para que alcancen la sostenibilidad ambiental.

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Nuevo énfasis

Para los políticos, la economía azul es el concepto perfecto que deja la puerta abierta a los sectores que cuentan con un “derecho” (ej. la licencia de pesca de atún o la tenencia de la tierra) para que el desarrollo económico quede evidenciado en el Producto Interno Bruto.

Sin embargo ¿Qué pasa con los demás sectores que viven del mar y sus recursos?  ¿Qué sucede con aquellos (as) que viven una cultura asociada al mar, pero cuyos derechos no han sido reconocidos como pasa con los cientos de pescadores artesanales o molusqueros con modos de vida ligados a las costas, pero cuyos derechos de pesca permanecen en la informalidad?

La famosa “Economía Azul” es un concepto excluyente. Así como hay personas que defienden los derechos de los pueblos indígenas, las poblaciones diversas o el respeto a las distintas religiones, otras creemos firmemente en lograr conservación de los recursos naturales a través de una justa y equitativa distribución de los beneficios que se deriven de esta conservación.

Sin embargo, antes debemos repensar este concepto que nada bueno traerá al país y usar uno nuevo que buena falta nos hace….la Justicia Azul como se  definió en la discusión global en el Congreso Mundial de Pesca Artesanal en Tailandia.

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